domingo, 10 de abril de 2011

Gran Erasmus

Después de una ausencia más larga de lo esperada, de hecho parecía que no iba a volver a escribir más, he vuelto a obligarme a hacer una entrada por semana, ahora sí que sí, no como esa vez que dije que iba a volver a escribir con más asiduedad y acto seguido cerré la cuenta.

Como conté en la última entrada, recibí visita del grupo de amigos dignos de Los cinco, aunque nosotros no llevamos perro. Fui a recogerlos a Bruselas y pasamos allí el día, sólo decir que la capital belga se puede considerar una de las ciudades más sucias que he visto, y mira que yo no soy mucho de visitar capitales europeas, un día estuve en Roma y porque me equivoqué de tren, que yo quería ir a Majadahonda. La visita tenía que acabar en el Atomium pero pasamos demasiado tiempo sentados en un kebab y ya se hizo tarde, así que agarre los trastos y volví a mi amada Hasselt (posteriormente en otra visita con otro grupo de amigos lo visité, ya os contaré que han pasado muchas cosas entre tanto).

Al día siguiente tocó mañaneo para ir hasta Brujas (o Brugge como lo llaman aquí). A pesar de que se está convirtiendo en mi ciudad belga favorita, me sentí otra vez decepcionado al bajarme del tren y no encontrarme a Colin Farrell, dicen que sólo se pasa por ahí los lunes, miércoles y viernes, pero yo no me lo acabo de creer. Estuvimos calle arriba, calle abajo, hasta que se nos volvió a hacer tarde, aunque esta vez estábamos de pie en el kebab. Les enseñé Studho en un par de minutillos y acabamos jugando al trivial después de cenar. Si, ávido lector, tú también estarás pensando por qué recorrieron miles de kilómetros para acabar jugando al trivial, misterios de la vida. Sólo diré que es la edición más rara que he visto de trivial, de hecho sigo sin saber jugar bien, lo de contestar preguntas lo entiendo, pero aún no sé para que te dan unas fichas de apuestas. Total, que acabamos haciendo el paripé y a dormir que al día siguiente nos esperaba un viaje espiritual a Darjeeling (o Gelsenkirchen).



Amaneció temprano como siempre, y en un ratillo les enseñé la ciudad de Hasselt, que si aquí es donde compro, que si aquí es donde saco dinero, etc, las típicas cosas que enseñas a tus amigos en un pueblo en el que nunca pasa nada. Fuimos a recoger el coche y salimos directos para Gelsenkirchen, 2 horas y media a 160 Km/h de nada hicieron el viaje muy ligero. Allí nos pasamos por el hotel de concentración del Valencia C.F. pero no había nadie a la vista, salvo Cañizares que se puso pesado para que nos hiciésemos una foto con él, al final aprovechamos la mínima oportunidad y le dimos esquinazo. Finalmente llegamos al estadio del Schalke 04, el Veltins Arena, decir que es un estadio impresionante, nada que envidiarle a los muros de ladrillo caravista de Mestalla. Esperaba más gente en los alrededores, un ambiente más emocionante que debería rodear a un partido de Champions que resolvía la eliminatoría y que estaba relativamente abierta en aquel entonces, por mis palabras parece que no hubiese nadie por ahí, todo lo contrario, pero yo ya me había montado mi película como es habitual.



Todos ya sabemos como acabó el partido, fue una pena que no saliesen las cosas bien para el valencianismo, pero por lo menos la experiencia fue inovlidable. El himno de la Champions, los jugadores saltando al campo, el campo entero saltando, ver a 60.000 personas cantando al unísono realmente pone los pelos de punta.
El partido acabó y alicaidos nos fuimos a cenar a un Burguer King, sorpresa! resulta que en Alemania los Burguer King también tienen hamburguesas a un euro. Lo malo es que cuando vuelves a España y la pides, el tio de la caja te mira con cara de: "me estás tomando el pelo?" para a continuación escupirte en la otra hamburguesa que te hayas pedido. Un largo viaje de vuelta hasta Charleroi para dejar a Xusso, dormir un par de horillas y despedirnos de Manolito y traerme a Pabul de ocupa un par de días a la residencia (a pesar de que el pobre no pudo dormir porque ciertas borrachas no dejaron de aporrear la puerta y amenazarle para que dejase de esconderme.


Me parece que le he dedicado mucho tiempo al viaje, así que ahora toca hablar de los nuevos sistemas de vigilancia de la residencia. Se ve que se han dado cuenta que las fichas de la entrada no era bastante para controlarnos, de hecho raro es el día que las cambiamos al salir. Los cambios introducidos consisten en tres cámaras colocadas estratégicamente en puntos clave: la entrada, el garaje y la cocina. Así que ya no podemos movernos libremente sin que nuestras acciones vandálicas sean registradas. Encima tienen micrófonos así que también se graba todo lo que decimos. Con la tonteria hemos convertido la residencia en un Gran Erasmus, a la primera semana hicimos una gala y salieron nominados el vasco, la vasca y la austrohúngara. Al final acabamos echando a la austrohúngara por hacer cochinadas en el jacuzzi.


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Tenía esta entrada pendiente desde hace mucho así que disculpas por explayarme tanto, a ver si con las próximas entradas me dosifico un poco más ya que tiene que ser un coñazo leer todo esto. No pienso adelantar nada de lo que voy a hablar porque, sinceramente, aun no me he parado a pensarlo, aunque puede que vaya dedicado a las fiestas más significativas, lugares donde salir en Bruselas y los peligrosos viajes en bici.